Dejarme los nudillos en cualquier pared, en cualquier sitio, como desahogo, para intentar deshacer los nudos de la garganta, pero son meros intentos inútiles, que solo servirán para matarte más, para acabar con lo poco que queda de ti, para marcharte, desvanecerte en un suspiro, acabar con esto y vagar libre, por fin, sin dolor, sin sentimientos, sin nada.
Presidio, tú eres la cárcel, sin posible fuga, sin escapatoria, o sí... el purgatorio.
Amanece, y a tu alrededor todo sigue igual, sigue la misma mierda de siempre, los días pasan y sigues ahí, te toca mover ficha y no sabes que hacer, ni querías entrar en el juego, estás aquí, intentando llegar a tu propio paraíso, llegar a tu exilio y, al fin, sentir sin atadura, ser libre, volar.
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