El mismo patrón, una y otra vez, puñal al pecho, sacarlo, que cicatrice un poco y volver a clavarlo. Me desgasto, como un neumático en una carretera mojada, oscura, alumbrada ocasionalmente por los faros de los coches que pasan fugazmente, para después desvanecerse en la lejanía. Intento continuar, buscarle sentido a esto, no lo encuentro, decido parar, intento convencerme de que algún día acabará esto, volverá a salir el Sol, volverá la primavera, pero no son más que engaños para mantener la esperanza en algo, intentar no abandonar, pero continuar me hará daño, aunque tampoco tengo nada más a lo que afanarme. No aguanto más, pero me lo guardo, acumulo sentimientos hasta que me desbordo y me vacío completamente.
Acabo con las pupilas reflejando la nada, inexpresivo, esperando una anestesia para este dolor que no llega.
Con los lagrimales trabajando como nunca, las ojeras de siempre y el dolor matándome.
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