Ojos empapados, me ahogué en ellos, en mis pupilas en tormenta, tiré lágrimas por el desagüe, pero no sirvió para nada, volvió el drama como vuelve la felicidad falsa cuando crees que la tormenta se amaina, cuando encuentras calma, cuando descansa tu alma y tú pasas a experimentar una falsa estabilidad, un descanso, un exilio que no tarda en esfumarse y dejarte los síntomas del dolor dentro, donde duele.
Intentas cerrar con cerrojo tu interior, encerrar sentimientos en ti, pasar a ser tú tu propia caja de Pandora, pero acaba rompiéndose, liberando tu interior, caterva de sentimientos, desmontarte en tu propia vida, siendo la misma la que te puede, la que te desborda.
Vivir mata, nadie te prometió nada eterno, ni que te libraras de sentir ni de pensar, la vida como azar, el sufrimiento como resultado.
Aguantas hasta romperte, y te desvaneces en una mera sombra de lo que fuiste de la que sabes que no podrás salir, quedarás anclado, quedándote donde te derrumbes, y de ahí no podrás salir...
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